
Camino con la fría brisa del invierno, avanzo por la gélida calzada del suburbio, aunque para ello tengo que recorrer el averno, me aferraré a mi destino. Lo he escogido, aunque a veces parezca turbio. La nieve que cubría mi cabeza se va disipando, se va convirtiendo en agua, el mismo agua que ahora me mantiene vivo, del que bebo hasta que me sacio. Pensamientos rotos, que voy desechando para dejar paso a la luz. La perseguiré, doblará la esquina, subirá y me llevará de vuelta hasta ti. Es justo, soy culpable de mis recuerdos, me van calando poco a poco hasta llevarme hasta mis anhelos.
No pretendo hablar de sueños rotos, sueños transformados en otra realidad, una forma alternativa de conectar.
Por todo lo vivido, recordado, y lo que vendrá...
No hace falta pensar en que lo haré, porque sí, voy a seguir, es mi felicidad, el reflejo de tus ojos en la mirada me lo ha hecho comprender.
Necesito más dosis de ti, más sueños, más gritos, seguir tus pasos para no perderme de mi mismo.
Nunca olvidaré la luz que conduce directamente a tu ventana.
